La funcionabilidad efectiva (digestión y absorción del alimento) y el estado inmunitario del tracto gastrointestinal (GIT) son factores importantes que determinan el rendimiento animal. Desde las últimas décadas, la adopción de selección genética para el rápido crecimiento y rasgos reproductivos, la implementación de técnicas avanzadas de incubación, claridad en el entendimiento de la fisiología y requerimientos nutricionales de los animales ha llevado a mejoras significativas en los rendimientos productivos. Como propone Conway, existen tres componentes mayores de salud intestinal: la dieta, la mucosa, (capa más interna de GIT) y las bacterias nativas del intestino. La mucosa forma un complejo y dinámico equilibrio dentro el GIT que asegura un funcionamiento eficiente del sistema digestivo. Sin embargo, una definición más exhaustiva de salud intestinal podría ser “un estado estable donde la microbiota y el tracto intestinal existen en equilibrio simbiótico y donde la salud y el rendimiento del animal no se ve disminuido por la disfunción intestinal.

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